Filtro de partículas

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La proliferación de vehículos con motores diésel ha provocado un aumento en la contaminación medioambiental, ya que este tipo de motores generan mayores y más variadas emisiones contaminantes.

Por ese motivo, la Unión Europea desde el año 2011 obliga a los fabricantes de coches diésel a que los equipen un sistema que reduzca en parte las emisiones contaminantes que producen estos motores.

Esa es la razón por la que todos los motores diésel deben incorporar en sus sistemas de escape un filtro de partículas conocido como DPF o FAP.

¿Qué es el filtro de partículas?

Se trata de un dispositivo que se sitúa en el tubo de escape y cuya función reside en la absorción y captura de las partículas y carbonillas causadas durante la combustión del motor.

Al tratarse de un contenedor poroso, el filtro de partículas del coche impide que una gran parte de la polución se libere a la atmósfera.

Como el filtro de partículas funciona en su interior como una esponja que retiene toda la carbonilla, es normal que el DPF se sature de partículas. Pero no es necesario sustituirlo cuando el filtro se ensucia: los fabricantes han diseñado sistemas de regeneración, lo cual permite una vida útil mucho más larga, de 8 años o unos 120.000 kilómetros.

Los filtros son de dos tipos:

  • Filtros con aditivo: el aditivo de cerina permite la combustión del hollín a una temperatura inferior. Es por eso que se coloca algo más alejado del colector.
  • Filtros sin aditivo: están pegados al motor, junto al colector de escape y al turbo, para aprovechar el calor de los propios gases que van saliendo hacia el escape.

Ya sean de uno u otro tipo, siempre es importante que se realice correctamente el mantenimiento y se sigan las indicaciones del manual de instrucciones. De no hacerlo así, es posible que el filtro se averíe, con lo que sería necesaria su sustitución por uno nuevo.

Cómo limpiar el filtro de partículas

Para la limpieza del filtro de partículas hay que tener en cuenta que el hollín se incinera en un proceso de regeneración. Y para la incineración de las partículas el motor debe calentar los gases de escape a una temperatura superior a los 600ºC.

Es normal que durante el proceso de regeneración el motor cambie su sonido y que consuma también algo más de combustible. El motivo es que, para calentar los gases de escape, hay que inyectar más combustible de lo normal. Pero es un proceso breve, que se lleva a cabo de un modo automático, sin intervención del conductor, cada 400 kilómetros aproximadamente.

Entonces ¿por qué los filtros de partículas de los motores diésel suelen dar tantos problemas? Pues básicamente porque hay usos del coche que impiden o interrumpen la regeneración del filtro.

En conducciones por ciudad, o en trayectos cortos en los que no se circula a un régimen de revoluciones superior a las 2.500 revoluciones por minuto, no da tiempo a que el FAP alcance la temperatura de servicio y comience la regeneración. Y si el filtro se satura y no se ejecuta la regeneración, este se avería.

Pero la solución no es anular el FAP, ya que de ese modo el vehículo volverá a contaminar más (con esas humaredas negras tan desagradables).

Lo que hay que hacer es salir cada cierto tiempo a carretera y conducir a un régimen de revoluciones constante por encima de las 2.500 rpm durante unos 20 o 30 minutos. De ese modo, estarás induciendo al motor a que lleve a cabo la regeneración del DPF.

¿Dónde comprar el filtro de partículas?

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